sábado, 6 de junio de 2015

EL CIRCO SOCIAL COMO HERRAMIENTA PEDAGÓGICA.

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
FRENTE DE TRABAJADORES DE LA ENSEÑANZA “SAMUÉL ROBINSON”
CÁTEDRA: CIRCO 
PROF: ORIETTHA  LÓPEZ
MAESTRANTE: FRANCISCO GONZÁLEZ  CI. 12309221.

                         EL CIRCO SOCIAL COMO HERRAMIENTA PEDAGÓGICA.

     Hablar de artes es hablar de las creaciones que el hombre, a lo largo de la historia, ha realizado con el objeto de expresar su visión del mundo y comunicarse mediante diversos recursos, incidiendo  significativamente en la sensibilidad del individuo. Actualmente el arte ha sido considerado como parte de la gama de herramientas pedagógicas con que cuenta el proceso enseñanza- aprendizaje.

     Sabemos que las artes son variadas, porque pueden ser visuales, plásticas, musicales, escénicas y todas son valoradas en la sociedad. Es por ello que con el avance en los estudios sobre esta área se ha ido constatando la importancia de la introducción de un tipo de arte “popular” como herramienta de trabajo comunitario. Estaría haciendo referencia al circo, el cual ha sufrido cambios evidentes en su organización que de ser un gran espectáculo como todo los conocemos pasa a ser una propuesta pedagógica, cuyo propósito es la inclusión de personas en situación de riesgo social, además de encaminar el desarrollo de las comunidades  a partir del trabajo cooperativo, solidario, con el esfuerzo y el entusiasmo de superarse, sustentado en la comunicación, valores, asertividad, superación personal a partir de la autoconfianza y la autoestima.

      Pero, cabe aclarar  que se hace referencia, en este caso no al circo como tal, sino al “circo social” como potente herramienta sociocultural capaz de influir en el aprendizaje y desarrollo de los niños. En tal sentido, es necesario dar a conocer lo que es el circo social que según  la visión  Machincuepa “es el equilibrio de dos disciplinas: las artes circenses, enriquecidas con las ciencias sociales, organizadas en una metodología atractiva e innovadora que permite intervenir  en jóvenes en situación de riesgo social”.
     La aplicación y adaptación  de esta modalidad de circo en el proceso de enseñanza- aprendizaje contemporáneo potencia una educación integral y concuerdo con lo que plantea Vergara (2004), Invernó (2003) y Jara (2004) que está la posibilidad de desarrollar habilidades y factores protectores tanto a nivel individual (la autoestima, tolerancia, superación, aprender de los fracasos, respetar el cuerpo, visualizar sus propias  potencialidades) y a nivel grupal (promoviendo el respeto, solidaridad, apoyo mutuo, identidad grupal y la confianza).

     Siendo las cosas así, resulta claro que el circo no es solo esa gran carpa, con saltimbanquis que nos entretienen, sino que va más allá convirtiéndose en una herramienta que engloba aspectos físicos, relacionales y psicológicos que dinamizan la expresión sociocultural de la comunidad.

     En este sentido se comprende que este tipo de herramienta, estructurada en lo artístico y lo social se fundamenta en la enseñanza de valores que transformen a la sociedad e influyan directamente en el desarrollo social al promover la participación de la comunidad, quienes deben estar conscientes del sentido de responsabilidad compartida e identidad de grupo que según Montero (2005) “…ayuda a despertar el sentido de pertenencia, donde soy y me siento parte”.

     Dentro de este marco la práctica del “nuevo circo”… “busca potenciar la colectividad sobre la individualidad” (Inverno, 2003), el compañerismo, la empatía, la sensibilidad, la autogestión y empoderamiento, factores imprescindibles para dar rienda suelta al espectáculo.

     Si bien es cierto que el circo social ha sido incluido en el curriculum oficial o los programas de formación desde la pre-escuela hasta los centros universitarios en países como Bélgica y Francia, y en menor grado en Alemania, Australia, Cuba, España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Portugal, entre otros (CNA.C,1998; Busse, 1991), debemos tener en cuenta que también es cierto que para Venezuela es todavía una práctica “… relativamente desconocida para quienes no sienten cierta curiosidad por este mundo”, que a mi parecer es por falta de promoción y desconocimiento  de lo que puede llegar a beneficiar a nivel social este arte.

     En este sentido se comprende el por qué no ha sido incluida en nuestros programas oficiales, cuando si nos detenemos a pensar y de acuerdo a lo que se ha dicho en párrafos anteriores, “… hay mucho más detrás de la actuación final que las horas de ensayo, y en este caso, lo más importante no es el resultado en sí, sino más bien todo el proceso de aprendizaje”.

     Es difícil creer que algo que no nos envuelve cotidianamente se puede convertir en una herramienta educativa, sin embargo, lo que sí es incuestionable es que se necesita el consenso, la cooperación y la participación para el logro de metas en nuestra sociedad y, personalmente creo que a través de este arte se podría estar aportando un granito de arena para involucrar al colectivo social en la transformación del entorno a partir de la fusión de valores, conocimiento artístico y técnico que potencien su capacidad creativa, imaginativa, de toma de decisiones, entre otros.

     Por supuesto, este arte no está arraigado en nuestra cultura, pero considero que sutilmente está presente en nuestros niños, niñas y jóvenes, ya que un ejemplo de ello es el gusto que sienten por participar en actividades que se realizan con los aparatos de ejercitación que han puesto en muchas partes de nuestro país donde aparte de lo lúdico que puede resultar, viene a servir para manifestar artísticamente la expresión corporal a partir del dominio del aparato. Por consiguiente, cabe hacerse la siguiente pregunta: si el circo nos ofrece la posibilidad de traspasar la preparación habitual en lo que respecta a lo pedagógico ¿cómo podemos tener acceso a este tipo de formación en las escuelas?

     Con base en lo que se plantea en el material, pienso que la escuela, en todas sus modalidades, como institución social tiene “… la función de permitir el acceso a la cultura ” y es a partir de allí que podemos dar respuesta a la interrogante anterior, ya que si vinculamos todo lo que conforma este “nuevo circo” como disciplina artística en el diseño curricular, respondería a los bloques de contenido que tiene que ver con el cuerpo y reconozco como determinante lo planteado por Inverno (1998) que “… habla de la polivalencia y la multilateralidad como condiciones metodológicas indispensables en una programación, a las que da respuesta la utilización de la temática del circo”.

     En efecto, por todos es bien sabido que el niño aprende más y mejor “divirtiéndose a través de actividades especiales, el valor de ese aprendizaje toma conciencia y la experiencia nunca se olvida” que es lo esencial para mejorar su vínculo con otras realidades.

     Al respecto comparto la opinión de Juan Pablo Bonetti (2009) que establece que el cuerpo y el juego (circense y cotidiano) son apoyo metodológico y pedagógico; el salir del lugar cotidiano de aprendizaje y considerar el hacer, la música, baile, la mirada diferente del adulto del barrio, la admiración, el aplauso, la experiencia son formas de adquirir conocimientos, muchas veces imborrables. Entonces, ¿se puede afirmar que el circo pasa a ser una propuesta educativa?

     A mi manera de ver, claro que es posible, ya que no solo se estaría incluyendo a toda la comunidad en algo de interés, sino que la visión de los niños, niñas y jóvenes sobre una disciplina que busca la transformación de la convivencia social, el llevar el arte escénico al espacio público “generando un espacio acogedor, comprometido y participativo”, la transformación de la persona y la educación basada en valores, la creatividad, desarrollo de habilidades incluyendo las psicomotrices, cooperación y comunicación  modifican el comportamiento y dan sentido de comunidad, que según dice Montero (2005) … “el sentirme parte de algo ayuda a desarrollar responsabilidad, integración, compromiso y lazos emocionales”.

     El análisis precedente lleva a concientizar que el aprendizaje no sólo se basa en lo académico que pueda resultar el conocimiento sobre el arte, sino en el trabajo que se puede desarrollar con este arte popular para perpetuar esa cultura como elemento preventivo (trabajo en tiempo de ocio) y de apoderamiento (vinculación de la persona con su comunidad). En fin, el circo social nos ofrece un espacio donde se puede experimentar con actividades propias de circo pero en un ambiente de seguridad y control, una participación cooperativa donde se estimulen las capacidades que ayudan a las relaciones positivas tanto en la vida familiar como social. Además, a nivel escolar el rol del docente cambia a ser un facilitador y promotor de las actividades escolares encaminadas a establecer “los principios del circo social: la democracia, la igualdad, el goce, la pluralidad, la disciplina, el arraigo, la seguridad, la evaluación de riesgo y las nuevas formas de relación”.








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